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Dom, Ago

Musicoterapia - Sonidos que ayudan a estar bien

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¿A quién no le gusta escuchar música? Lo hacemos como medio de diversión, para sentirnos acompañadas, para relajarnos y para abstraernos por unos momentos del mundo que nos rodea. Si nos ponemos a pensar, la música tiene muchas funciones pero una muy importante es la de brindarnos bienestar y sensación de placer.  

Mientras estamos escuchando la música que nos gusta, nuestro cuerpo responde ante ella liberando del cerebro endorfinas, hormonas encargadas de llevar a todo el cuerpo la sensación de placer y de bienestar. Por eso la música adecuada en el momento indicado produce alegría y serenidad, que después de unos minutos se transforma en el distendimiento de los nervios del cuerpo y si estamos deprimidas puede levantarnos el ánimo, o calmarnos cuando estamos excitadas.

Con esto, se comprobó fehacientemente que hay una relación estímulo – respuesta entre la música y las reacciones del cuerpo humano. Nuestras conductas y personalidad tienen que ver con los tonos de la música que escuchamos. Los sonidos suaves provocan emoción, las melodías con niveles agudos muy altos felicidad y alegría; y las graves tristeza y melancolía. 

La musicoterapia tiene sus orígenes en los antiguos pueblos de África y en muchas culturas del mundo se practica para ayudar a enfrentar y resolver problemas emocionales y físicos que provocan diferentes dolencias. 

La música influye en numerosas funciones orgánicas como el ritmo respiratorio, la presión sanguínea, las contracciones estomacales y el nivel de estrés hormonal de la sangre. El corazón late entre 70 y 80 veces por minuto, la música country coincide con ese ritmo, el rock es más acelerado y la música clásica más lenta, por eso el ritmo del corazón va a depender del tipo de melodías que se esté escuchando. Esto sucede porque el corazón y los ritmos eléctricos de la cabeza reaccionan porque se sincronizan con la música, acelerando o disminuyendo su ritmo. 

Sin embargo, a pesar de existir  un patrón, las personas pueden reaccionar de diferente manera frente al estímulo de un mismo tema, porque va a depender del estado físico y mental de la persona en el momento que está escuchando música.

El movimiento corporal que sigue un ritmo, afloja y relaja los músculos. La música puede sincronizar a todo el cuerpo, incrementando la resistencia, regulando la respiración y cambiándole el humor para predisponerlo a la ejercitación.  

En pacientes, una melodía suave ayuda a distraer y relajar haciendo que los dolores sean menos notorios porque están más predispuestos. La música tranquila, en especial la clásica, reduce la ansiedad, el dolor y los medicamentos que el paciente necesita durante la intervención quirúrgica y su posterior recuperación. También actúa como sedante automático facilitando la asimilación de anestesia. Ayuda en los partos debido a que hace el momento más placentero y menos doloroso, y  estimula a los bebés prematuros. 

La música tiene los mismos efectos en todas las personas y no distingue edades. Usarla con fines médicos es buena para quienes tienen que hacer tratamientos contra el cáncer,  problemas respiratorios, parálisis, artritis y diabetes. También para calmar dolores de cabeza, problemas digestivos, tensión, estrés, y todas las enfermedades que tienen un componente emocional.  

Tiene efectos sobre el sistema inmunológico porque un alto nivel en el estrés hormonal inhibe el funcionamiento de este sistema y la música ayuda a controlar estas hormonas.  

Estás avisada, si salís nunca te olvides de llevar tu mp3 o estéreo para el viaje con los temas que más te gustan, y si estás en tu casa estás obligada a dedicarle unos minutos diarios a este género, que sin imaginarlo y con agradable estilo, te ayuda a paliar tus dolencias físicas y mentales.