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Sáb, Feb

El desafío de ser mujer

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A partir de la década del sesenta la aparición de la píldora anticonceptiva, la entrada cada vez más fuerte de la mujer al mercado laboral, y nuestra aspiración a un mejor nivel de vida, hicieron que ocupemos roles protagónicos en distintos ámbitos de la sociedad. Fue así como empezamos a soñar con nuestra propia vida y a emocionarnos con nuestros logros, quebrando de a poco los prejuicios sociales para dar lugar a un nuevo modelo de mujer. 

 

Nuestra independencia personal primero, y laboral después, nos fue generando más poder en nuestras decisiones haciendo que este profundo cambio social tenga repercusión en distintos ámbitos incluyendo el deportivo. Este sector construido en principio por y para el hombre, nos hizo superar barreras creadas por estereotipos sociales y culturales. ¿Cómo la palabra mujer, sinónimo de belleza, cuidado del cuerpo, maternidad y feminidad, podría asociarse al sudor, al esfuerzo físico, a la competencia, al peligro y a las lesiones?

Hemos tenido que luchar contra muchos mitos: la mujer es inferior a los hombres en las actividades deportivas, posee menos capacidad física, no muestra gran interés en la práctica deportiva o la afirmación sobre que existen deportes no aptos para ella. Grandes obstáculos que fuimos superando para acceder de a poco a los círculos deportivos.  

La participación femenina en los Juegos Olímpicos fue recién en el año 1900, limitándose única y exclusivamente al golf y al tenis. En estos juegos se destacó el gran número de competidores hombres -mil setenta- y seis mujeres ¿Sería la motivación de ver por primera vez a las deportistas desplazando sus cuerpos por las canchas? La señorita Cooper de Inglaterra fue la primera laureada olímpica en tenis y quién comenzó abriendo las puertas a los grandes títulos deportivos femeninos. 

Fueron otras grandes como Fanny Durack la nadadora australiana que se destacó en las Olimpiadas de Estocolmo en 1912 logrando un récord mundial en los 100 metros de nado libre, o la pequeña leyenda Nadia Comaneci que se convirtió en la reina indiscutible de los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, asombrando al mundo con siete puntuaciones máximas, o la maratonista Joan Benoit Samuelson que cruzó la línea de llegada del primer maratón olímpico femenino en los juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, derribando oficialmente el largo mito perpetuado que consideraba a las mujeres fisiológicamente incapaces de mantener una actividad física prolongada.  

Mujeres que dedicaron su vida al deporte convirtiéndose no sólo en las mejores atletas de todos los tiempos sino también en grandes ejemplos de superación, voluntad y disciplina para millones de deportistas del mundo. Desmitificando el concepto de sexo débil, las mujeres fuimos logrando un importante papel en los deportes desterrando mitos y cuestionamientos y brindando excepcionales espectáculos que lograron la admiración del mundo entero. 

Hoy hay un espacio donde ocupamos un rol protagónico, donde marcas y organizaciones de carreras piensan sólo en nosotras, buscando aquellas mujeres que cumplen sus obligaciones y además hacen del deporte su pasión y su estilo de vida.

El campo deportivo nos llama, las calles nos invitan a correr, las canchas nos quieren ver y las marcas nos quieren vestir.  No es un espacio donde el objetivo es sólo un cuerpo mejor, es más importante aún; es la búsqueda de lo que nos hace bien y nos trae paz, es cargarnos de energía y llenarnos de metas, es seguir conquistando un ámbito que da lugar a un nuevo concepto de mujer 

El deporte nos enseña a perseverar para superar con éxito cualquier obstáculo, nos  renueva, nos aísla de la rutina y nos enseña a escuchar nuestro cuerpo y nuestra voz interior.  ¡

Mujeres vamos por más acción! Sigamos avanzando por la vida dejando que el deporte nos sorprenda. 

Más energía, más vida

ü       La actividad física previene afecciones cardiovasculares e hipertensión arterial.

ü       Mejora el sueño.

ü       Equilibra los lípidos en sangre –más colesterol HDL-.

ü       Disminuye el riesgo de diabetes y de padecer ciertos tipos de cáncer.

ü       Mejora el control del peso corporal y en consecuencia el autoestima

ü       Mantiene y mejora la fuerza y resistencia muscular.

ü       Te ayuda a administrar el estrés.

ü       Combate  los síntomas de ansiedad y depresión.