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Mar, May

Sexualidad y discapacidad: el derecho al placer

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Durante mucho tiempo, y hasta que conocí a mi marido,  pensaba que como persona con discapacidad la sexualidad y la pareja no iban a tener un lugar en mi vida. Y me equivoqué. Juntos fuimos construyendo otras maneras,  formas y estrategias, otros tiempos que nos llevaron a aprender que hay muchas formas de hacer el amor. "¿Tu pareja tiene discapacidad?", era lo primero que me preguntaban cuando empecé a salir con él, hace 15 años. Y a mí siempre me llamó la atención este cuestionamiento, como si ser una persona con discapacidad necesariamente implica que quien elija para estar a mi lado tuviera que también tenerla.

 


 Todavía no es fácil hablar de sexualidad y discapacidad y, mucho menos, de pareja y discapacidad. Y surgen muchas sensaciones y reacciones de las personas al respecto: miedo, vergüenza, pudor, lástima. Pareciera existir cierto rechazo a tratarlo o abordarlo. Sin embargo, lo cierto es que la vida sexual y el placer no es exclusivo de las personas llamadas (erróneamente) normales.


Aún hoy persiste en el imaginario una concepción asistencialista que no considera a la persona con discapacidad como sujeto de deseo o capaz de experimentar placer. Esta perspectiva caritativa y paternalista atraviesa todos los ámbitos y la sexualidad no es la excepción.

 

Las relaciones sexuales no son contempladas dentro del estereotipo que etiqueta a las personas con discapacidad como "débiles y desgraciadas". De este modo, como resultado de esta perspectiva son innumerables las barreras físicas y sociales que se enfrentan entre las cuales se encuentran: la falta de accesibilidad, ausencia de información precisa, carencia de profesionales capacitados, omisión de las personas con discapacidad en los debates e intercambios, entre tantos otros.


Deconstruyendo mitos


Así como creer que una persona con discapacidad solamente forma pareja con otra en iguales condiciones, son muchos los mitos y prejuicios que se reproducen en este terreno y que es urgente desterrar. Principalmente, una generalización que tiene que ver con la falta, negación o ausencia de vida sexual activa, perpetuando un modelo compasivo y reduccionista. Un sentido común que descree de la posibilidad de las personas con discapacidad de sentir deseo y hasta de tener una pareja casual. Sin embargo, lo cierto es que la intimidad también forma parte de la vida de estas personas y, para eso, existen múltiples apoyos y herramientas que la habilitan. Como cualquier persona, son capaces de sentir deseo.


Por otro lado, es necesario tener en cuenta que, más allá de la sexualidad existe una tendencia a considerar que las personas con discapacidad resultan ser una "carga" en cualquier pareja y que generará dependencia así como pérdida de autonomía, inclinándose a una "lógica de cuidado".

 

¿Cuántas parejas vemos en la calle en las que una de las personas tenga discapacidad? Los avances en materia de discapacidad hacen posible el surgimiento de más herramientas que posibilitan cada vez más independencia de dichas  personas, si el entorno lo permite. Por eso, adaptar las maneras y abrir la mente hacia otras formas de sexualidad y pareja parece ser una opción real hacia una verdadera inclusión que contemple la diversidad.


Frente a esto, resulta esencial referirnos a los estereotipos ligados a género que implican pensar a las mujeres con discapacidad no solamente como asexuadas sino como incapaces de maternar y formar familia e, incluso, tomar decisiones sobre su propia vida. Esto evidencia un incumplimiento al derecho en cuanto a salud sexual y reproductiva. Es así que son muchas las mujeres con discapacidad que padecen violencia o no se las involucra en las decisiones en cuanto a su cuerpo y salud reproductiva.

 

En este sentido, la maternidad también es un asunto controvertido que amerita debatir, si queremos aspirar a la igualdad de oportunidades para todas las mujeres.

 

Respetar su derecho a la maternidad  y liberarse de prejuicios tiene que ver con facilitar información, accesibilidad, acompañar en el proceso y generar entornos donde todos los tipos de maternidad sean posibles, en lugar de plantear discursos que profundizan la estigmatización y discriminación.


¡Chau prejuicios!


¿Cómo podemos colaborar para que la sexualidad de las personas con discapacidad deje de ser negada y pase a ser reconocida y visibilizada?


Percibirlas como seres sexuados y desdramatizar el asunto es un desafío que involucra no solamente al ámbito educativo, responsable de generar políticas tendientes a la aceptación de la diversidad, sino también a los responsables de los medios de comunicación. 

 

Se debería apostar a mayor visibilidad de cuerpos diferentes, sobretodo en ficciones, donde sigue predominando el cuerpo ideal que responde a un modelo de belleza instaurado históricamente. Naturalizar a los cuerpos con discapacidad en situaciones íntimas desde la visibilidad puede ayudar a que futuras generaciones incorporen actitudes más inclusivas  y que la persona sea contemplada dentro del  abanico que se puede elegir a la hora de tener pareja o tener relaciones sexuales.


Por último, son las familias de las mismas personas con discapacidad las encargadas de incentivar y fomentar una construcción de  identidad positiva que tenga en cuenta a la sexualidad como un derecho.


Dentro del modelo social de la discapacidad hacia el cual deberíamos enfocarnos, centrado en la eliminación de los obstáculos que la sociedad impone, debería ser garantizado el derecho a acceder a la sexualidad, en tanto involucra un aspecto fundamental para cualquier ser humano y  forma parte del camino para promover una óptica de la diversidad donde todas las personas sean aceptadas, no importa su condición.