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Dom, Ago

Síndrome de Ramsay Hunt puede traer graves consecuencias para la vista en quien la padece

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El síndrome de Ramsay Hunt -que adquirió fama global luego de afectar al cantautor canadiense Justin Bieber- es la segunda causa más frecuente de parálisis facial periférica no traumática. Se debe a la reactivación del virus Varicela-Zoster, conocido popularmente como culebrilla.

 

 

 Luego de cursar dicha enfermedad, en general durante la infancia, el virus queda localizado en algún ganglio del sistema nervioso de forma latente. En este síndrome está afectado el ganglio geniculado, una formación nerviosa asociada al séptimo par craneal o nervio facial, encargado de la motilidad de los músculos de la cara. Puede afectar a hombres y mujeres adultos por igual, pero es muy raro en niños.

 

"La parálisis facial puede comprometer la motilidad palpebral, impidiendo que el ojo se cierre correctamente y exponiendo a la conjuntiva y la córnea al aire. Para la indemnidad de la superficie ocular, es indispensable tener la posibilidad de parpadear de forma frecuente y que el ojo quede cerrado y hermético por la noche. Pero, además, la imposibilidad de ocluir el ojo trae aparejado el trastorno de la sequedad ocular, ya que la lágrima natural se evapora más rápido. Como consecuencia, el ojo queda desprotegido", detalla Glenda Dibner (MN152245 MP 553624), médica oftalmóloga de la sección Neurooftalmología del Hospital Universitario Austral.

 

"Los síntomas más frecuentes de sequedad ocular son la sensación de tener arenilla o sentir fricción al parpadear. También el enrojecimiento y dolor en los ojos. Otros pacientes experimentan visión borrosa o fotofobia. Muchas veces es frecuente que noten un lagrimeo profuso que, sin embargo, no logra lubricar correctamente el ojo. Cuando el dolor y el enrojecimiento se hacen más pronunciados, pueden indicar que se generaron lesiones asociadas como queratitis o una úlcera corneal, que requieren tratamiento a la brevedad y que sólo el médico oftalmólogo logra diagnosticar", advierte la especialista.

 

Estos síntomas y lesiones pueden prevenirse con un tratamiento lubricante apropiado a cada caso, indicado por el médico oftalmólogo. Las herramientas que se utilizan son las lágrimas artificiales, que pueden ser de menor a mayor viscosidad llegando hasta la forma de geles. También es frecuente indicar la oclusión mecánica con algún parche y lubricante durante la noche, para el correcto descanso sin exponer al ojo a sufrir una lesión. En un porcentaje menor de los pacientes, las úlceras corneales se complican y pueden requerir tanto de tratamiento antibiótico como de procedimientos quirúrgicos, con el fin de proteger la superficie ocular.