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Sáb, Dic

Bajar las revoluciones

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 La búsqueda de superación constante nos lleva, muchas veces, a los extremos cuando elegimos una actividad física que nos gusta. Lo adecuado es encontrar el justo equilibrio entre deporte y exigencia para poner foco en el cuidado del cuerpo. El instructor del Método DeRose, Josué Barba nos cuenta cómo lograrlo.

La competencia y el entrenamiento no se deben encarar como una obligación o padecimiento, sino como una forma de divertirse y sentirse mejor con una misma. Disfrutar, esa es la cuestión... y no sólo en el deporte sino también en todos los órdenes de la vida.  

El deseo de pasarla bien sugiere mantener alejado el concepto de “violencia”. Al citar esta palabra, la mayoría la asociará con una pelea, un insulto, una mirada de desprecio. Evidentemente, estas actitudes deberían mantenerse al margen del comportamiento de cualquier persona. Sin embargo, entre las deportistas es muy habitual un tipo de violencia que tiene como objeto el propio cuerpo, lo que se traduce en una falta de atención con una misma. 

“La intención de evitar el sufrimiento, malestar o dolor, debe tener como punto de partida al propio deportista –cuenta Josué Barba-. Hace falta utilizar el sentido común y la cautela para no sobrepasar ciertos límites, cuya consecuencia sería un impacto excesivo para el organismo. Dentro de este contexto, es oportuno recordar que no es necesario exigirse más de la cuenta hasta llegar al extremo de abandonar el cuidado del propio cuerpo. Se deben adaptar los estímulos del entrenamiento a la carga que cada uno puede asimilar: tiempo, distancia, intensidad, descanso y recuperación”.  

Con la misma idea, el cuerpo necesita atenciones especiales después de esfuerzos de gran magnitud: una alimentación e hidratación adecuadas, actividades de asimilación -técnicas de respiración y flexibilidad son excelentes para favorecer la recuperación- y un descanso proporcional al trabajo realizado. 

Por eso mujeres, esforzarse sin forzar. Entrenar disfrutando cada momento.