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Fibromialgia: conocerla es el primer paso para aliviarla

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La fibromialgia es un trastorno de dolor crónico difuso que suele acompañarse de otros síntomas como alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, sensación de hormigueo y fatiga persistente. No existen marcadores de laboratorio específicos, pero hay patrones clínicos que nos orientan al diagnóstico.

 

 En el Día Mundial de la Fibromialgia, la Dra. Lucía Zárate, (MP 332760 // MN 108084), especialista en reumatología de DIM CENTROS DE SALUD nos cuenta de qué se trata esta afección, sus síntomas, formas de llegar al diagnóstico y consejos para tratarla.

Aunque fue reconocida como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud en 1992, sigue siendo subdiagnosticada y, en muchos casos, mal comprendida. Se estima que afecta del 2% al 7% de la población mundial, y que las mujeres representan entre el 80% y el 90% de los casos, especialmente entre los 30 y los 50 años.

El diagnóstico suele ser un proceso de descarte, ya que muchos síntomas se solapan con otras patologías como hipotiroidismo, artritis reumatoidea o síndrome de fatiga crónica.  

Si bien la causa exacta se desconoce, diversos factores pueden desencadenarla o agravarla:

-Estrés emocional o físico prolongado

-Traumas físicos o psicológicos

-Infecciones virales

-Predisposición genética

-Trastornos del sueño

En muchos casos, la enfermedad puede aparecer después de un evento desencadenante como una cirugía, infección, o accidente, o desarrollarse de forma gradual.

El multitasking, el estrés crónico y la falta de descanso adecuado pueden actuar como factores gatillo o agravar los síntomas existentes. Por eso, es importante pensar en estrategias integrales para el manejo de la enfermedad ya que no existe una forma específica de prevenir la fibromialgia ni una cura definitiva, pero adoptar hábitos saludables puede ayudar a reducir la frecuencia e intensidad de los brotes.

Se recomienda dormir bien y mantener una rutina de sueño, reducir el estrés con técnicas de relajación o terapia psicológica, realizar actividad física moderada, como caminatas, yoga o tai chi, mantener una dieta equilibrada y llevar un registro de los síntomas para identificar desencadenantes.

Un tratamiento multidisciplinario mejora notablemente la calidad de vida. Las opciones incluyen:

-Medicamentos: analgésicos, antidepresivos, pregabalina o duloxetina, según el caso.

-Terapias complementarias: acupuntura, masajes, fisioterapia, tai chi, meditación.

-Psicoterapia: en especial, la terapia cognitivo-conductual para abordar el impacto emocional.

-Educación del paciente: entender la enfermedad es clave para su manejo diario.

El enfoque personalizado y la participación de un equipo de profesionales que incluya reumatólogos, fisiatras, psicólogos, kinesiólogos y nutricionistas es esencial para apaciguar los síntomas y poder llevar una vida más normal.