En los últimos años, los suplementos nutricionales se han vuelto parte del día a día de muchas personas. Vitamina B, biotina, ácido fólico, whey protein, creatina, entre otros, y, cada vez se observan con más frecuencia cuadros cutáneos, principalmente brotes de acné, dermatitis o reacciones inflamatorias, desencadenados por la automedicación o suplementación sin control médico.
Ningún suplemento es completamente inocuo y seguro si no está indicado según cada diagnóstico, antecedentes clínicos y necesidades reales. Nuestro cuerpo es un sistema complejo, y la piel, en particular, refleja las consecuencias de aquello que no necesita o no puede procesar.
La vitamina B, cuando se consume en exceso, puede alterar el metabolismo sebáceo; la biotina y el ácido fólico, tan populares en el cuidado capilar, pueden modificar el equilibrio hormonal y exacerbar cuadros de acné juvenil o adulto y, el whey protein, aunque parezca inofensivo, suele incluir aminoácidos de cadena ramificada (BCAA) y precursores hormonales que también pueden estimular la producción sebácea y favorecer la aparición de lesiones inflamatorias. Incluso la creatina o algunos suplementos naturales pueden generar desequilibrios internos que la piel traduce en brotes, enrojecimientos o sensibilidad.
Estos cuadros se conocen como farmacodermias, es decir, patologías generadas por fármacos, en este caso, farmacodermias acneiformes.
Un medicamento o suplemento consumido para generar bienestar puede producir un daño o perjuicio que conduce a realizar tratamientos prolongados para reparar la piel y otros tejidos, con el consecuente impacto económico y emocional que esto implica.
No todo lo que se promueve como saludable es adecuado para todos los cuerpos. La piel no distingue intenciones: reacciona. Por eso, es importante tener cuidado con las recomendaciones genéricas que circulan en redes o en algunos centros de estética.
Cada piel tiene una historia: antecedentes médicos, genéticos, hormonales y emocionales que deben ser evaluados antes de incorporar cualquier sustancia, por más natural o de venta libre que parezca.
La invitación no es al miedo, sino a la conciencia. Entender que la salud de la piel comienza mucho antes de una crema o un suplemento. Que acompañarse con un profesional no es un lujo, sino una forma de cuidado genuino y preventivo por eso la evaluación médica personalizada es fundamental.