La conexión que hay entre la memoria y la música no es casual, se debe a que comparten un área clave del cerebro: el sistema límbico, responsable de las emociones. Cuando las personas escuchan tango, emergen escenas que se vuelven vívidas y, al evocarlas, reviven la emoción asociada a esos vínculos y momentos. Esa capacidad de traer el pasado al presente permite resignificar la historia de vida, algo fundamental en la vejez. Así lo detalla la Lic. Graciela Spinelli, gerontóloga del Centro Los Pinos.
En un momento vital donde los cambios pueden desafiar la identidad personal, reencontrarse con la propia biografía a través de la música ayuda a responder preguntas profundas: ¿quién fui?, ¿quién soy hoy? Evocar recuerdos no es un ejercicio de nostalgia vacía, sino una herramienta de reafirmación: aquello que fue ilumina lo que somos.
En las últimas décadas, esta potencia emocional del tango dio lugar a una disciplina creciente: la tangoterapia. Se trata de un enfoque terapéutico que utiliza la música, la danza y la poesía del tango con fines biológicos, psicológicos y sociales, guiados por profesionales especializados.
Aunque el tango suele asociarse a la melancolía, los especialistas aclaran que, cuando se trabaja adecuadamente, no induce tristeza sino una nostalgia con sentido. "El recuerdo aparece como parte de mi historia: lo revivo, lo acepto y lo integro. Tal vez fue un tiempo feliz o difícil, pero fue. Y reconocerlo permite seguir construyendo identidad", señala Spinelli.
El Centro Los Pinos incorporó hace tiempo esta práctica dentro de sus actividades de estimulación. La participación es voluntaria, y muchos residentes eligen sumarse para moverse, comunicarse, recordar y compartir. En ocasiones, incluso los familiares se acercan para vivir la actividad junto a ellos. La lógica es simple: crear espacios donde la música active la memoria, favorezca la neuroplasticidad, fomente la socialización y, sobre todo, genere disfrute.
Un arte que mueve el cuerpo, despierta la mente y une a las personas
El tango activa simultáneamente cuerpo, emoción, pensamiento y vínculo. Pocas actividades reúnen estos cuatro planos de manera tan integrada. Esa combinación explica por qué, en personas mayores, el tango se convierte en una herramienta poderosa de bienestar.
A nivel físico mejora la coordinación y la circulación, tonifica los músculos y favorece la flexibilidad articular; beneficia la atención, la concentración y la memoria; estimula la memoria retrógrada y promueve la liberación de endorfinas, especialmente a través del abrazo.
Los beneficios psíquicos son varios ya que promueve el bienestar general, relajación, contención y equilibrio emocional; el abrazo actúa como un potente regulador del estrés y la ansiedad; refuerza la autoestima y la empatía y favorece la sensación de logro, autonomía y empoderamiento a través de metas alcanzables.
Por otro lado, a nivel social el compartir y experimentar nuevas emociones y sensaciones con otros es excelente para su autoestima, a su vez permite crear y fortalecer nuevos lazos y amistades aliviando la sensación de soledad y abatimiento.
En el Día Nacional del Tango, la invitación es clara: celebrar un patrimonio cultural que sigue vivo, que sigue transformando vidas y que, cuando se convierte en terapia, devuelve a las personas un espacio de pertenencia, de identidad y de alegría.
La conexión que hay entre la memoria y la música no es casual, se debe a que comparten un área clave del cerebro: el sistema límbico, responsable de las emociones. Cuando las personas escuchan tango, emergen escenas que se vuelven vívidas y, al evocarlas, reviven la emoción asociada a esos vínculos y momentos. Esa capacidad de traer el pasado al presente permite resignificar la historia de vida, algo fundamental en la vejez. Así lo detalla la Lic. Graciela Spinelli, gerontóloga del Centro Los Pinos.