19
Dom, Abr

Rehabilitación cardiovascular: por qué no es solo para infartos y puede prevenir enfermedades del corazón

Typography

La rehabilitación cardiovascular es un programa médico multidisciplinario que aporta múltiples beneficios para el corazón. Aunque casi siempre se lo asocia a pacientes que superaron un cuadro crítico, como un infarto, la evidencia muestra que también es muy efectivo para quienes no atravesaron un evento severo pero tienen factores de riesgo. Las principales sociedades científicas cardiológicas del mundo, como la American Heart Association (AHA) y el American College of Cardiology, lo recomiendan por su impacto positivo en la prevención y en la mejora de la salud integral. Sin embargo, su utilización aún es escasa: muchas de las personas que podrían acceder a este tipo de tratamientos no lo hacen.

 

 Las razones por las que estos tratamientos no llegan a los pacientes que los necesitan son múltiples. "Por un lado, existen barreras socioeconómicas (transporte, costos no cubiertos, responsabilidades familiares) que limitan la adherencia. A su vez hay personas con menor conciencia del beneficio, niveles bajos de autosuficiencia o poco apoyo social. La baja participación en rehabilitación cardiovascular no se debe a un solo motivo: se combina la falta de conocimiento sobre los beneficios, barreras económicas y de acceso, limitaciones físicas y psicológicas, y factores sociales que dificultan la posibilidad de iniciar y completar el programa", detalla la doctora Tabatha Rivas (MN 157956), jefa del Servicio de Rehabilitación Cardiovascular del ICBA Instituto Cardiovascular.

Otro dato llamativo es que, en general, hay una menor participación de mujeres en estos programas en relación a los hombres. 

Este es el escenario en el que este 23 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Rehabilitación, una fecha instaurada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de difundir los beneficios de este tipo de prácticas, promover su realización y visibilizar la necesidad de garantizar el acceso para aquellos pacientes para los que puede representar un cambio fundamental para mejorar su calidad de vida y evitar eventos severos. 

Quiénes deberían hacer rehabilitación cardiovascular

La rehabilitación cardiovascular está recomendada para la mayoría de pacientes con enfermedad cardiovascular ya sea patologías coronarias, valvulares, cardiopatías congénitas o con insuficiencia cardiaca; y a la vez es una gran herramienta terapéutica en el ámbito de la prevención primaria. Estos programas contribuyen a una reducción significativa del riesgo de muerte cardiovascular y de hospitalizaciones.

"La rehabilitación cardiovascular no es solo para quienes ya tuvieron un infarto. Las personas con múltiples factores de riesgo o alto riesgo cardiovascular también pueden beneficiarse de programas estructurados de prevención, incluso antes de sufrir un evento crítico. Según guías internacionales de prevención, podría considerarse en personas con alto riesgo cardiovascular global, múltiples factores de riesgo cardiovascular mal controlados (hipertensión arterial, diabetes tipo 2, dislipidemia, obesidad, síndrome metabólico, fragilidad) o personas con evidencia de daño de órgano blanco, como hipertrofia ventricular izquierda o aterosclerosis carotídea", detalla la doctora Rivas.

Un dato importante es que no hay una edad indicada para iniciar una rehabilitación en forma preventiva. "Las guías recomiendan llevar a cabo una evaluación de riesgo cardiovascular y en función de esto la inclusión en el programa. No es la edad lo que determina la indicación, sino el perfil de riesgo. Cuanto antes se intervenga sobre el riesgo, mayor es el impacto en expectativa y calidad de vida. La prevención primaria estructurada puede retrasar o evitar el primer evento cardiovascular", detalla la experta del ICBA Instituto Cardiovascular. 

Cuatro puntos clave de la rehabilitación cardiovascular

La duración típica de un programa suele ser de 12 semanas en promedio (incluye alrededor de 24- 36 sesiones), aunque puede extenderse según las necesidades y objetivos de cada caso. Su frecuencia es de 2-3 veces por semana para sesiones presenciales. En general, suelen incluir cuatro puntos clave:

-Evaluación inicial individualizada en consulta de admisión, donde se detallan la historia clínica, riesgos, capacidades y limitaciones de cada paciente.

-Ejercicio supervisado: con movimientos aeróbicos, entrenamiento de fuerza adaptado a la condición del paciente y periodo de flexibilidad.

-Control de factores de riesgo: los más importantes son la hipertensión, colesterol, tabaquismo, diabetes y el sobrepeso u obesidad.

-Apoyo psicosocial y educación: el manejo del estrés y educación para adherencia a estilos de vida saludables son clave para conseguir mejores resultados.

Estos modelos hoy combinan sesiones presenciales y virtuales, con uso de aplicaciones y telemedicina, lo que facilita la accesibilidad y adherencia en muchos pacientes. "Estudios recientes demostraron que los programas domiciliarios no son inferiores a los presenciales en términos de mejora de aptitud cardiovascular y calidad de vida. Es una opción útil en pacientes con barreras geográficas, laboralmente activos o en zonas sin centros especializados. A su vez, parte de la rehabilitación incluye capacitar al paciente para continuar rutinas seguras por su cuenta, con pautas específicas de ejercicio, control de ritmo cardíaco y señales de alarma. Esto aumenta la adherencia a largo plazo y empodera al paciente para mantener el estilo de vida saludable aprendido en el programa", detalla la doctora Rivas. 

En pacientes coronarios estables, el entrenamiento supervisado inicial permite luego la transición segura a un gimnasio convencional para que mantengan su rutina.

Cuáles son sus beneficios

La rehabilitación cardiovascular no actúa sobre un único factor de riesgo, sino que mejora simultáneamente la capacidad física, el metabolismo, la presión arterial, el peso y la adherencia a tratamientos. El efecto más potente y asociado a mejor supervivencia es el aumento de la capacidad cardiorrespiratoria; ese es el punto fundamental ya que es el marcador con mayor impacto en rehabilitación y que más se asocia a reducción de mortalidad total y cardiovascular.

A esto se suma que en los grupos que realizan el programa se observan menores tasas de reingreso hospitalario, reducción de la fatiga y una mejor calidad de vida y bienestar mental. 

No obstante, se advierte que, pese a su eficacia demostrada, la rehabilitación cardiovascular continúa siendo una intervención subutilizada a nivel mundial.

El riesgo del "a mí no me va a pasar"

En el contexto del Día Mundial de la Rehabilitación, un objetivo primario es aumentar la adherencia en aquellos pacientes que aún no llegaron a una etapa crítica de la enfermedad cardiovascular.  El problema en estos casos es que es difícil romper la barrera de la subestimación de los factores de riesgo, incluso si presentan un alto riesgo cardiovascular. Muchas veces no perciben la necesidad y, por ende, tienen menor participación.

"Síntomas iniciales como disnea leve (falta de aire), fatiga, disminución de tolerancia al esfuerzo o dolor torácico atípico suelen atribuirse a estrés, edad o sedentarismo. A su vez la enfermedad aterosclerótica es silenciosa en etapas tempranas, lo que refuerza la falsa sensación de seguridad. Se describe este fenómeno como Optimistic bias (sesgo de optimismo), generándose una tendencia a creer que los eventos negativos les ocurren a otros", dice la doctora Rivas.

El trabajo es multidisciplinario, el programa está desarrollado y supervisado por un equipo que incluye médicos cardiólogos y especialistas en rehabilitación cardíaca, profesionales de educación física y entrenadores especializados que guían las sesiones de ejercicio aeróbico y de fuerza, técnicas en cardiología que acompañan el monitoreo clínico durante la actividad física, educadores en salud y nutricionistas que ofrecen charlas on line y asesoramiento sobre hábitos saludables.

A pesar de sus beneficios comprobados, la rehabilitación cardiovascular sigue siendo una herramienta subutilizada. Promover el acceso, derribar barreras y entender que la prevención también salva vidas es clave para cambiar el curso de la enfermedad cardiovascular.