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Jue, Jun

Mucho más que sal: los alimentos “inofensivos” que esconden exceso de sodio

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En la cocina diaria, el sabor suele asociarse automáticamente con la sal. Sin embargo, cada vez más evidencia muestra que el problema no está solo en el salero, sino en una gran cantidad de alimentos que consumimos a diario sin advertir su contenido de sodio.

 

 

 En el marco de la Semana Mundial de Sensibilización sobre la Sal, profesionales de la salud alertan sobre el impacto del consumo excesivo de sal, una de las principales causas de hipertensión en personas de todas las edades.

 

El organismo regula el sodio a través de los riñones, pero cuando la ingesta es elevada, se retiene más agua, aumenta el volumen sanguíneo y el corazón debe trabajar más, lo que eleva la presión arterial”, explica la Lic. Patricia Mariela Chavez (MN 10039 MP 6252), nutricionista de DIM Centros de Salud. Pero el impacto va más allá: el exceso de sodio también se asocia con enfermedades cardiovasculares, patologías renales, osteoporosis, obesidad e incluso cáncer gástrico.

 

Uno de los principales desafíos es que la mayor parte del sodio que consumimos no proviene del salero, sino de alimentos industrializados y preparaciones cotidianas.

Entre los principales aportantes se encuentran los panificados, los quesos, las salsas y aderezos, los snacks y los fiambres y productos procesados.

 

A esto se suma la llamada “sal oculta”, presente en productos como sopas instantáneas, conservas y comidas listas.

 

¿Cuánta sal deberíamos consumir?

 

La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal por día (equivalente a una cucharadita o 2000 mg de sodio). Sin embargo, en la práctica, el consumo suele duplicar ese valor.

 

Cambiar el hábito es posible

 

Aunque las preferencias por los sabores se construyen desde la infancia, el paladar tiene capacidad de adaptación. Reducir la sal de manera progresiva permite redescubrir el sabor natural de los alimentos.

 

Algunas recomendaciones clave:

 

-Retirar el salero de la mesa

-Priorizar alimentos frescos sobre procesados

-Incorporar hierbas, especias, limón o ajo para realzar sabores

-Leer etiquetas nutricionales

-Reducir gradualmente la sal en las preparaciones

-Limitar sopas, salsas y aderezos comerciales

-Prestar atención al sodio en productos de panadería

 

Un dato importante: la sal rosada, marina o del Himalaya contienen prácticamente la misma cantidad de sodio que la sal común, por lo que la recomendación de moderación es la misma.

 

Reducir el sodio no implica resignar disfrute. Por el contrario, abre la puerta a nuevas combinaciones, ingredientes frescos y formas de cocinar.

 

Reducir la sal no se trata de eliminar el sabor, sino de transformarlo. Con ajustes simples y progresivos, es posible cuidar la salud cardiovascular sin resignar el placer de comer.