La historia de Andrea Russo es un ejemplo de perseverancia. Después de atravesar 10 tratamientos de fertilidad sin éxito, decidió apostar por una nueva alternativa: la ovodonación. Acompañada por la Dra. Ester Szlit Feldman, médica especialista en Obstetricia y Ginecología y actualmente Directora de Procrearte, inició un tratamiento que cambiaría su vida y que hoy la impulsa a compartir su experiencia para brindar esperanza a otras mujeres que atraviesan el mismo camino.
La ovodonación consiste en utilizar óvulos donados por una mujer previamente evaluada bajo estrictos criterios médicos. Esos óvulos son fecundados en el laboratorio y el embrión resultante se transfiere al útero de la paciente receptora, quien llevará adelante el embarazo.
En Argentina, este tratamiento está regulado por el Decreto 956/2013, reglamentario de la Ley Nacional de Reproducción Médicamente Asistida Nº 26.862. La normativa establece que la donación de óvulos es voluntaria, segura y absolutamente anónima, garantizando estándares médicos, éticos y de confidencialidad que protegen tanto a las donantes como a las pacientes.
La indicación de la ovodonación surge siempre de una evaluación médica personalizada. Generalmente se recomienda cuando la calidad o la cantidad de los óvulos propios no permite lograr un embarazo o cuando representa la opción con mayores probabilidades de éxito.
Entre las principales indicaciones se encuentran la insuficiencia ovárica prematura, la menopausia precoz, la baja reserva ovárica, los repetidos intentos fallidos de fertilización in vitro con óvulos propios, enfermedades genéticas con riesgo de transmisión y la edad materna avanzada, momento en el que la calidad de los óvulos disminuye de manera significativa.
Si bien puede indicarse en mujeres jóvenes con determinadas patologías, la mayoría de las pacientes que recurren a este tratamiento tienen más de 40 años, especialmente entre los 43 y los 50 años.
En Procrearte, cada tratamiento se planifica de forma individual, teniendo en cuenta la historia clínica, los estudios de fertilidad y las expectativas de cada persona. El objetivo es ofrecer la estrategia terapéutica con mayores posibilidades de éxito, respaldada por evidencia científica, tecnología de última generación y un equipo interdisciplinario comprometido¨, según explica el director médico de Procrearte, Gastón Rey Valzacchi.
Congelación de embriones: preservar hoy para decidir mañana
Otra de las herramientas fundamentales de la medicina reproductiva es la criopreservación o congelación de embriones. Este procedimiento permite conservar los embriones obtenidos durante un tratamiento de fecundación in vitro para utilizarlos en el momento que la paciente considere más oportuno.
La vitrificación posibilita optimizar los tratamientos, ya que con un solo ciclo de estimulación ovárica pueden obtenerse embriones para futuras transferencias. Además, favorece la transferencia de un número adecuado de embriones, disminuyendo el riesgo de embarazos múltiples.
Las pacientes también pueden decidir el destino de esos embriones criopreservados de acuerdo con la legislación vigente: utilizarlos en futuros tratamientos, continuar preservándolos o destinarlos a la donación para ayudar a otras personas a cumplir el sueño de formar una familia.
"Pensé que era mi última oportunidad"
El recorrido de Andrea comenzó muchos años antes de llegar a la ovodonación: "Empecé con tratamientos de baja complejidad. Después me encontraron un problema: tenía las trompas tapadas. Ahí comenzó un camino muy largo, con momentos muy dolorosos y 10 intentos", recuerda.
Tras numerosos intentos fallidos y cuando sentía que las posibilidades se agotaban, decidió volver a confiar.
"Tenía 47 años cuando sentí que estaba jugando mi última carta. En Procrearte, con la doctora Ester Szlit Feldman, decidimos buscar una donante anónima de óvulos y un donante anónimo de esperma, ya que estaba separada de mi marido. Fue una decisión muy importante para mí", admitió.
El resultado superó todas sus expectativas: "Todo empezó a salir bien y, a los tres meses, ya estaba embarazada. Apenas subo al auto y abro el resultado, no lo podía creer. Con mis 47 tuve un embarazo maravilloso. Sin embargo, Simona se adelantó unas semanas, e increíblemente nació el día de la madre, un domingo 20/10/2013, el regalo más hermoso de mi vida", recuerda.
Pero su historia no terminó allí. Gracias al tratamiento también pudo criopreservar embriones y, con el tiempo, tomó una decisión profundamente solidaria: donar parte de esos embriones para que otras personas también pudieran tener una oportunidad de formar una familia.
Andrea donó uno de sus embriones a Silvina, con quien se había cruzado por cuestiones laborales, y el último a Mariela, que llegó a ellas a través de un contacto compartido, transformando un camino marcado por años de incertidumbre y dolor en una historia de esperanza compartida: "Quisimos que nuestros hijos fueran hermanos, que tuvieran un lazo, porque en los tres casos fueron buscado con muchísimo amor". Por eso, al donar sus embriones, hizo un único pedido: que los niños crecieran sabiendo de la existencia de los otros, entendieran que son hermanos genéticos y pudieran construir un vínculo.
Su testimonio demuestra que, incluso después de numerosos intentos fallidos, la medicina reproductiva puede ofrecer nuevas posibilidades cuando existe un diagnóstico adecuado, un acompañamiento médico personalizado y la decisión de no abandonar el sueño de ser madre.
La historia de Andrea Russo es un ejemplo de perseverancia. Después de atravesar 10 tratamientos de fertilidad sin éxito, decidió apostar por una nueva alternativa: la ovodonación. Acompañada por la Dra. Ester Szlit Feldman, médica especialista en Obstetricia y Ginecología y actualmente Directora de