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Mar, Oct

Día del Niño: cómo elegir el juego de mesa ideal para cada chico

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 A la hora de elegir un juego de mesa para regalar, no siempre gana el más sofisticado, el que tiene más piezas ni el que aparece como la gran novedad. Muchas veces, el mejor regalo es otro: el que encuentra un punto de conexión con quien lo recibe.

 

Desde esa mirada, la editorial Devir propone ir más allá del juguete tradicional y este año, para el Día del Niño, pensar el regalo a partir de una pregunta sencilla: ¿qué tipo de juego conecta con la manera de jugar de ese chico? Porque están quienes prefieren cooperar y tomar decisiones en equipo; otros se entusiasman con los desafíos de memoria, la sorpresa o las historias. Encontrar esa afinidad puede ser la diferencia entre un juego que queda guardado en un estante y otro que se convierte en un ritual compartido.

Regalar un juego de mesa es abrir la puerta a un espacio donde las reglas son iguales para todos y la diversión se construye a su alrededor. Una oportunidad para compartir tiempo, conversar, reírse y, también, descubrir nuevas maneras de vincularse.

Para quien disfruta de los desafíos cooperativos puede ser un juego donde todos los jugadores deben decidir juntos cómo avanzar, y todos ganan o pierden como equipo. Así, al no haber un perdedor individual, puede ir aprendiendo a tolerar mejor la frustración.

Para los amantes de los desafíos de memoria y concentración son ideales los juegos que combinan memoria y movimiento cuidadoso. Es una excelente herramienta para chicos que están en pleno proceso de fortalecer la atención sostenida.

Para los que buscan partidas breves, dinámicas y llenas de sorpresas hay opciones de azar, memoria y sorpresa constante. Es ideal para chicos más pequeños o con menor tolerancia a partidas largas, ya que las rondas son cortas y el factor sorpresa mantiene el interés de principio a fin.

Para aquellos que empiezan a descubrir sus emociones y necesitan compartirlas pueden ser los juegos cooperativos donde los jugadores tienen que comunicar sus emociones a través de historias personales. Funciona como una herramienta de educación emocional ya que pone en palabras algo que, para muchos chicos, es difícil de nombrar por sí solos.

Para quienes disfrutan de jugar, conversar y trabajar en equipo son ideales los juegos donde hay que construir ciudades. Al tratarse de un desafío cooperativo, fomenta la escucha, el intercambio de ideas y la planificación compartida, ayudando a que los más chicos descubran el valor de alcanzar objetivos entre todos.

Más que un regalo, un juego de mesa puede convertirse en una oportunidad para compartir, aprender, expresar emociones y fortalecer vínculos. La clave está en encontrar aquel que mejor conecte con cada niño.