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Mar, Oct

Más allá de las arrugas: ejercicios para cuidar la vitalidad del rostro

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Es hora de dejar de medir la efectividad de todo lo que hacemos por nuestra cara en función de cuántos años promete borrar y comenzar a trabajar para que nuestro rostro conserve vitalidad, movilidad, tono y una piel sana y luminosa a medida que pasa el tiempo. Porque un rostro que percibimos cansado o apagado no habla solamente de arrugas, también puede reflejar tensión, músculos que utilizamos poco y otros que sobrecargamos, cambios en la circulación, hábitos, estrés y esos pequeños gestos que repetimos cientos de veces sin siquiera registrarlos.

 

 

 Esos patrones no solo influyen en nuestra expresión y en la manera en que se ve el rostro. También pueden acompañar cómo nos sentimos. Una mandíbula que permanece apretada, un entrecejo constantemente fruncido o un cuello rígido pueden formar parte de esa sensación de cansancio y tensión que terminamos llevando con nosotros durante todo el día.

 

Desde mi práctica de Yoga Facial Kaliope Glow propongo tres ejercicios que trabajan de manera integrada cuello y rostro para liberar tensión, activar la musculatura y recuperar movilidad. Son movimientos sencillos que pueden incorporarse a una rutina diaria y que, además de favorecer una expresión más descansada y vital, nos invitan a bajar revoluciones, reconectar con el cuerpo y renovar nuestra energía.

 

La propuesta es realizar tres repeticiones de cada ejercicio durante aproximadamente 30 segundos, siempre de manera suave y controlada.

 

Cuello, papada y óvalo facial

 

Apoyá una mano en el centro del pecho y presioná suavemente hacia abajo mientras proyectás la cabeza hacia adelante. Desde allí, llevá la lengua repetidamente hacia el paladar, produciendo ese sonido parecido al galope de un caballo que muchos hacíamos de chicos.

 

La lengua es una estructura muscular muy potente y, sin embargo, suele quedar olvidada cuando hablamos de trabajo facial. Este movimiento integra lengua, cuello y región submandibular y permite activar una zona que participa en el sostén y la movilidad de la parte inferior del rostro.

 

Labios, pómulos y zona central del rostro

 

Llevá los labios hacia adentro, cubriendo los dientes, y sostenelos suavemente con la mordida. Desde esa posición, elevá y relajá las comisuras de manera controlada.

 

El ejercicio involucra labios, pómulos y la zona central del rostro, pero hay una consigna fundamental: los párpados no participan. Buscamos activar la musculatura que queremos trabajar sin trasladar la tensión hacia otra zona, en este caso la periocular.

 

Aprender a disociar los movimientos y evitar compensaciones es una parte esencial de una buena práctica de Yoga Facial. No se trata de hacer más fuerza, sino de aprender a mover de manera más consciente.

 

Párpados, entrecejo y sienes

 

Apoyá las manos sobre las sienes y ejercé una presión suave hacia adentro y hacia atrás, generando una ligera tensión ascendente. Desde esa posición, cerrá y abrí los párpados con intensidad, pero siempre de manera controlada.

 

Así trabajamos la musculatura periocular y la movilidad de los párpados, mientras el sostén de las sienes ayuda a tomar conciencia de una zona donde suele acumularse tensión, especialmente cuando apretamos la mandíbula o sobrecargamos la musculatura masticatoria. La clave, nuevamente, está en la precisión del movimiento y no en la fuerza.

 

La clave está en cuidarnos de forma integral

 

Lo que hacemos con nuestros músculos, nuestra respiración, nuestra alimentación, nuestro descanso, nuestros niveles de estrés y, por supuesto, los productos que elegimos para nuestra piel forman parte de un mismo sistema.

 

Cuando empezamos a trabajar de esta manera aparece la sinergia. Cada herramienta puede complementar a las demás. El ejercicio activa y favorece la movilidad, el masaje ayuda a liberar tensión, la respiración contribuye a regular y los activos cosméticos aportan nutrientes y protección a la piel. Y cuando somos constantes, los resultados no solamente empiezan a verse: también empiezan a sentirse.

 

Esta es la verdadera transformación, no en intentar detener el paso del tiempo, sino en aprender a habitarnos mejor mientras pasa. En cuidar nuestro rostro, nuestro cuerpo y nuestra energía desde un lugar más consciente.