Es imposible un mundo sin tías postizas, esas amigas que dan todos los gustos a nuestros hijos y que los aman como si fuesen sobrinos de sangre.
Son aquellas mujeres arte y parte de lo que nos deja un tiempo de rosas. Y esos locos bajitos, que a gatas llegan a la mesa, también son chiquitos para llamarlas por sus nombres de pila, entonces, nunca mejor ponderado el bautismo de tías postizas.
Admitámoslo: nuestros tiernos niños son expertos en lograr que siempre terminemos haciendo lo que ellos quieren.
De los hombres sospechamos que son infieles, tardan un poco más o un poco menos, pero en gran parte de los casos han engañado a sus mujeres. No es una generalidad, vamos a hacer un salvataje de quienes sí nos son honestos, pero, lamentablemente, son los menos.