Solterita, con o sin apuro. Separada, divorciada o viuda involuntaria, llega un momento en que una mujer se va a vivir sola o, en su defecto, se queda a solas, y es entonces cuando comprende algunas coordenadas.
Una dice lo más campante: ¡al fin sola!, ¡al fin libre! Pero el disfrute, de dicha situación, es un tanto efímero. Basta alzar la vista al cielorraso descascarado, para que en ese instante se produzca un insight importante en la vida de una.
Después de ir tachando los días en el almanaque, por suerte llegó el tan esperado momento: se terminaron las vacaciones de invierno!!!
Una dice embobada voy a tener un bebé. Y el problema radica no en lo que enuncia, sueltita de cuerpo, sino en lo que omite pensar para enunciar semejante cosa, con tanta liviandad.
A esta edad madura ya comprendo algunas cosas, y le termino dando la razón a mis padres cuando me decían que las verdaderas amigas se cuentan con los dedos de una mano. Todas ellas merecen un lugar en mi corazón y la oda de un recuerdo.
¿Jamás escuchaste: “mi amor, dejá que esta noche, cocino yo”? Si así fue, la primera vez, seguramente pensaste que estabas alucinando. Esos milagros suelen ocurrir.