El entrenamiento para ser madres, locas de amor, empieza de chiquititas, nomás.
De bebas nos regalan un osito de peluche para que durmamos abrazada a él. Cuando deambulamos, nos regalan un cochecito. Pero ahí empieza el dilema, después del triciclo, los modelos cambian. Y así podemos elegir; caminando inconscientemente los primeros pasos del adiestramiento de futura mamá en potencia, hasta que tengamos edad de procrear.
Cuando sufrimos por amor, discutimos con los hijos, tenemos problemas laborales o familiares, nos sentimos desconsoladas y pasamos noches sin dormir, a puro llanto y pensando cuándo volverá a ser todo como antes, aparecen en escena las amigas. Ellas están y estarán siempre para escucharnos, no importa la hora.
Este menjunje de palabras es para explicar que hay cosas que son de exclusivo, aunque, a veces no del todo excluyente, dominio femenino.
Mentalizá tus objetivos deportivos para llegar cada vez más lejos.